sábado, 15 de marzo de 2008

... QUE TODO EN LA VIDA ES CINE...


LAS PROMESAS DE UN PRESIDENTE

Anoche fui al cine y aunque la película no pintaba mal e incluso consiguió crispar mis ánimos desde el principio, caí redondo. No sé si achacarlo a los años que uno va acumulando o a eso de que después de la tormenta viene la calma y la tormenta electoral ha sido excesiva. No había elegido yo la película (al final nunca sabes qué vas a ver o si te va a gustar), es más ni sabía cual era. Total que me siento, y las primeras imágenes me ponen de mala leche (si alguien no entiende lo que es eso, se lo explico): precisamente el día en que se envía un nuevo contingente de tropas a la guerra y, además saltándose a la torera esa promesa de que no se enviaría ni un soldado a la guerra sin la autorización del Parlamento.

Se suele argumentar a favor o en contra de la guerra en función de su legalidad. Pero uno que, en sus limitaciones, no entiende de guerras legales ni guerras ilegales, como tampoco de muertos legales ni muertos ilegales, estas cosas, como he dicho le tensan mucho y siempre le hacen plantearse la misma pregunta: ¿Por qué si somos tan civilizados que diferenciamos las guerras legales de las que no lo son, no aplicamos la misma regla de medir para las muertes que, con toda legalidad se dan en los países donde existe la pena de muerte? ¿Acaso las ejecuciones en esos países no son legales? Eso por no hablar de las madres... claro, que la mayoría de esas madres de los actuales soldados españoles, no lo son; no son españolas y eso debe de contar.

Total, que, entre la tensión de las últimas semanas y la que me produjo ver imágenes de la guerra donde ayer se enviaban a nuestros militares, seguramente como compensación, terminé perdiéndome una película, que, hasta donde llegué, no parecía mala.

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